#17. ¿Qué ocurrió en 1926 en Palma cuando Miquel Massutí Alzamora habló sobre el origen marino de la vida?

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En el año 1926 en la ciudad de Palma de Mallorca sucedieron unos hechos que generaron polémica en torno al origen de la vida y de los posicionamientos que científicos y miembros de la iglesia católica mantenían al respecto.

En 1851 Charles Darwin había publicado On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life. En esta obra, Darwin planteaba que todo ser vivo era capaz de producir copias de sí mismo con leves variaciones y que algunas de estas copias, las mejor adaptadas a su entorno, viven lo suficiente para reproducirse. La consecuencia de ello era que todos los seres vivos tienen un origen común, una bacteria que vivió hace más de  3.000 millones de años. Con ello un victoriano conservador y devoto padre de familia se convirtió en un revolucionario. Generó una revolución que fue más allá de los confines de la ciencia socavando creencias profundamente enraizadas en los humanos. Si Copérnico en el siglo XVI había separado a la Tierra del centro del universo, Darwin despojó a la especie humana del lugar privilegiado que religiones y filosofías le habían asignado en la naturaleza.

Las teorías de Darwin llegaron a nuestro país después de la revolución de 1886 y la primera consecuencia fue que durante los últimos años del siglo XIX los enfrentamientos a propósito de la teoría darwiniana se convirtieron en un conflicto de primer orden en el mundo académico y en ciertos casos de la sociedad en general ya que la evidencia científica socava creencias profundamente enraizadas.

Desde entonces algunos católicos han buscado un punto de encuentro entre las teorías evolucionistas y el cristianismo. Un caso bien conocido es el del antropólogo jesuita Pierre Teilhard de Chardin que a mediados del siglo XX desarrolló teorías en este sentido. Aceptaba la evolución como un hecho incuestionable pero al mismo tiempo intentaba poner de acuerdo a la fe católica con las teorías de Darwin. Estas teorías de Teilhard de Chardin, que hoy podemos calificar de ingenuas, fueron calificadas de heréticas por la iglesia católica.

Otro caso que bien podríamos añadir a esa relación de científicos católicos es el de Miquel Massutí Alzamora. Miquel Massutí Alzamora, de sólida formación y católico convencido, había nacido en 1902 en Felanitx. Doctor en ciencias naturales por la Universidad Complutense fue investigador del Instituto Español de Oceanografía, y profesor del Instituto de Biología Aplicada del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. También fue vicepresidente de la Comisión Internacional para la Exploración Científica del Mar Mediterráneo y magister de la Majoricensis Schola Lulistica. Miquel Massutí Alzamora murió prematura e inesperadamente, a los 48 años, en 1950.

El caso es que el día 17 de febrero de 1925 Miquel Massutí dió, en la Associació per la Cultura de Mallorca, una conferencia sobre el origen marino de la vida. Massutí concluía su conferencia diciendo: “De todo esto parece resultar la siguiente ley: La vida animal en el estado de célula apareció en el mar y ha procurado conservar siempre, a través de la serie zoológica, sus células en el estado marino. Un organismo, por elevado que sea su lugar en la escala animal, parece un verdadero acuario marino en el que viven en las condiciones acuáticas de su origen, las células que lo constituyen”. Aparentemente no hubo reacción, fuera de lo normal, a la conferencia de Massutí. Pero a principios de 1926, en un ciclo de conferencias que se organizó en el Museo Diocesano, un sacerdote,  Andreu Pont, pronunció una conferencia cuyo título era “Del origen de la vida sobre la tierra”. Antes de empezar la disertación de Pont, el sacerdote Antoni María Alcover manifestó al auditorio que se hacía necesaria una explicación sobre el motivo de la conferencia. Esta era: “que el año anterior se había dado, por un joven de familia cristiana, una conferencia pública, en la cual se afirmaba que el origen de la vida provenía del fondo del mar, información que seguramente se hizo sin conciencia de querer destruir lo que consta en la Biblia y se desprende de las sagradas revelaciones. Por ello se había indicado al sabio conferenciante la consiguiente refutación”. La conferencia, basada, como el propio conferenciante advirtió, en lecturas encaminadas a fines apologéticos, incluyó numerosas citas de autores, aduciendo datos y estudios, sobre el error que entraña el afirmar que la vida tiene su origen en el mar y finalizó con la siguiente afirmación: “Estimados oyentes, la Palabra de Dios nos ha explicado mejor que la ciencia el origen de la vida. Los sabios sin fe son navegantes sin brújula. Dios es la vida, y la vida procede de Dios”.

Al finalizar la conferencia, Massutí, presente entre el público, pidió  la palabra y  identificándose como autor de la conferencia a la que se había referido Alcover, manifestó estar de acuerdo con la tesis de Pont y a continuación Alcover se congratuló de las palabras de Massutí. Pero Massuti quiso aclarar su posición y unos días más tarde, con el fin de manifestar que sus palabras al final de la conferencia de Pont no habían sido bien interpretadas, publicó un artículo en el periódico La Almudaina en el que explicaba que pese a que el tema de su conferencia entraba en el ámbito de sus “humildes conocimientos”, prefirió  acudir a conceptos de biólogos eminentes y presentar los razonamientos que hacia el eminente biólogo René Quinton. Quinton en su obra L’eau de mer, milieu organique publicada el 1904 aseguraba y ofrecía pruebas de que la vida animal apareció en el mar y que todas las especies zoológicas, incluida la humana, tienden a mantener, a través de la serie evolutiva, las condiciones en que se originó su existencia. Es decir que en lugar de mutar en obediencia pasiva frente a la influencia del medio, tendencia mayoritaria desde Darwin, en realidad la vida animal cambia para mantener  internamente les condiciones en las que surgió.

Pero la cosa no acabo así. Unos meses más tarde se publicó una reseña de la conferencia de Massutí en el Quadern de l’Associació per la Cultura de Mallorca y el semanario El Felanigense publicó el texto íntegro de la conferencia. Días más tarde el Presidente de la Asociación recibió una tarjeta de Alcover dándose de baja como socio ya que constataba que “si las barbaridades y herejías de Massutí agradaban tanto a la Asociación, se veía obligado en conciencia como sacerdote y como ser racional a darse de baja de socio de tal Asociación. No por desprecio ni odio (diligite homines, interficite errores) si no por aquello del adagio: gente con gente y el demonio con su pariente”.

Posteriormente se anunció un curso de conferencias en el Museo Diocesano de Palma y entre los temas incluidos figuraba “Refutación de un error acerca del origen de la vida”. Alcover no se había dado por satisfecho y por ello había pedido de nuevo a Andreu Pont que diera una nueva conferencia para refutar públicamente las teorías de Massutí. Pont, pese a no ser biólogo sino sociólogo, no supo negarse y dio la conferencia. De nuevo, antes de que Pont comenzara su disertación, Alcover quiso explicar que: “en una sociedad, el nombre de la cual callaba, un joven que por ser hijo de una familia cristiana tampoco quería mencionar, había dicho que la vida salía del mar, cosa completamente contraria a la Religión Católica y a las sagradas revelaciones. Para destruir este error venia el conferenciante a tratar la cuestión desde el punto de vista científico”.

Acabada la conferencia Massutí pidió la palabra y dijo: “en mi conferencia no expuse ningún concepto que esté en pugna con lo que acaba de decirnos el conferenciante, puesto que recalqué claramente que se desconocía el paso de los albuminoides de los elementos que se encontraban en el mar al protoplasma vivo ya que a aquellos albuminoides les faltaba una cosa misteriosa y fundamental: la Vida”. Massutí comento que la teoría del origen marino de la vida era admitida por escrituristas católicos y en concreto citó la obra del jesuita José Antonio Laburu en la que señalaba que estos conceptos caben de lleno en el dogma católico y la filosofía cristiana. Finalmente dijo que su conciencia de católico estaba bien tranquila sobre este punto y que el dictado de hereje, afectándole como le había afectado, no le preocupaba.

Así acabó aquella historia y es difícil imaginar como habría reaccionado Massutí frente al conocimiento científico actual y a sus consecuencias relativas a la relación de lo humano con el universo. El progreso de la ciencia ha ido dejando a la especie humana cada vez más alejada del centro de la escena y a la fe mas alejada de la ciencia. Pero por desgracia y sorprendentemente la polémica centrada en aspectos diversos de la dificilísima, sino imposible, coexistencia de les teorías evolucionistas con las revelaciones y creencias propias de las religiones ha tenido continuidad.

Ciertamente, a pesar de que la obra de Darwin plantea un conjunto muy sólido de ideas, con el tiempo se han ido evidenciando limitaciones aun no resueltas por la teoría de la evolución. En 1970, el premio Nobel de fisiología i medicina Jacques Monod publicó Le hasard et la nécessité. Esta obra incorpora a la teoría de la evolución los aspectos de la herencia genética, la teoría del código genético y analiza la gran paradoja de que los sistemas vivos, sean a la vez inmutables y perpetuamente cambiantes, una trama regular sobre la que intervienen variaciones imprevisibles, las mutaciones que se producen al azar y la herencia que obedece a leyes.

Pese a todo, a día de hoy, las teorías creacionistas que defienden la creencia que los seres vivos fueron creados por un ser inteligente y superior, siguen poniendo en duda las evidencies científicas relativas al origen de la vida sobre nuestro planeta. Pero la evolución biológica no es un dogma en el que se pueda creer o no, sino que es un hecho demostrado científicamente en infinidad de ocasiones y ni el creacionismo ni el diseño inteligente tienen nada que ver con la ciencia. Una cosa son los conocimientos científicos, y otra bien diferente las creencias.

El método científico, ha permitido demostrar sobradamente  que la hipótesis de Darwin, en el caso de que no fuese suficiente lo que el propio Darwin aportó en su defensa, era correcta. En la actualidad la evolución de los seres vivos es un hecho rotundamente demostrado y en cualquier caso, como decía Miquel Massutí Alzamora en 1925 para cerrar su conferencia en la Associació per la Cultura de Mallorca, “Que Dios ilumine a los grandes hombres (que quieren saber), a los que llevan el timón de la nave de la Ciencia y que pronto pueda existir en la lejanía, donde el mar y el cielo se besan, el sol esplendoroso de la Verdad”.

 

 

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